lunes, 19 de octubre de 2009

Mi confrontación con la docencia

Mi confrontación con la docencia
Como ya lo he comentado con anterioridad, soy Contador Público de profesión, era el año de 1993 cuando me encontré como mucha gente tocando puertas y enfrentándome a la realidad que las puertas que se abrían eran pocas y ya estaban “apartadas” por y para alguien, fue en ese momento que dije, bueno, si no hay puertas abiertas para mi, empezaré por hacer la mía y enfoqué en el autoempleo.
Empecé estableciendo un pequeño despacho contable, visitando comerciantes, empresarios, profesionistas para ofrecerles mis servicios, afortunadamente y poco a poco la gente me conoció y empecé a hacerme de algunos clientes. A la par de esto en una ocasión un amigo me comentó que solicitaban instructores en el plantel Conalep Acámbaro, pensé que era una forma complementaria de obtener los ingresos necesarios para llevar una vida decorosa. Acudí y afortunadamente me contrataron por un semestre condicionado a quedarme por más tiempo según mi desempeño
Desde esa época y de manera ininterrumpida he estado en la institución impartiendo clases del área de administración y alguna vez en el área de informática.
Al principio pensaba que era una actividad temporal y que pronto la dejaría, sin embargo al paso del tiempo descubrí que me gusta el trato con los alumnos, transmitir mis conocimientos tanto teóricos como prácticos, conversar con ellos acerca de sus inquietudes, problemas, satisfacciones y todo aquello que trae de cabeza a los jóvenes. Aquí es importante mencionar que debemos comprender a los alumnos en toda su magnitud, a veces decimos es que fulanito no estudia, no trabaja, es un burro flojo, pero cuando hablamos con El y nos enteramos que trae un mundo de situaciones contrarias a la escuela, problemas personales, familiares, etc., es cuando empezamos apenas a entender el porqué de su bajo rendimiento y nuestra labor es ayudarlo a salir de esos baches en que está metido, y esto lo podemos hacer si nos convertimos en preceptores de algunos de ellos.
Todo éste cúmulo de experiencias me ha dejado una gran satisfacción cuando veo que el tiempo ha pasado y algunos de mis alumnos de las primeras generaciones en que empecé a dar clases, aún me recuerdan, me saludan con cariño, los veo que se han convertido en personas útiles a la sociedad y aún me consultan acerca de algunas dudas que les surgen en sus trabajos. Creo que esa es la mayor recompensa que puede tener un Maestro, cuando se trasciende en la vida y nunca serás olvidado.
Mencionando algún motivo de insatisfacción es que quisiera tener mas tiempo para atender a una cantidad de alumnos mayor que los que tengo como preceptuados, pero la actividad de mi despacho requiere también de mi atención y debo darle a cada actividad su justo tiempo.
Gracias por su atención

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